“Esenciales y olvidados”

“Esenciales y olvidados”

 

Riesgo diario, salarios bajos y derechos vulnerados: así trabajan quienes mantienen las carreteras en Castilla y León.

Castilla y León cuenta con alrededor de 33.400 kilómetros de carreteras entre estatales, autonómicas y provinciales, cuyo mantenimiento corresponde a la Junta de Castilla y León y al Ministerio de Transporte. Estas labores las lleva a cabo el personal de conservación de carreteras, un colectivo profesional que a menudo realiza su trabajo en condiciones precarias e inseguras. La mano de obra de conservación de las carreteras autonómicas de Castilla y León emplea a cientos de trabajadores especializados, mayoritariamente con contratistas privados.

A pesar de ser un servicio esencial para la movilidad y la seguridad vial, estos trabajadores enfrentan condiciones de trabajo que distan mucho de ser dignas. La externalización del servicio y la falta de inversión suficiente han provocado una degradación progresiva de sus condiciones laborales en nuestra Comunidad Autónoma: Presión constante por reducir costes y salarios, contratos inestables, medios de protección que, en muchos casos, no están a la altura del riesgo asumido y plantillas insuficientes.

Cada jornada en carretera implica riesgos reales y graves: tráfico a gran velocidad a escasos metros, trabajos en la propia calzada con riesgo de atropello, cortes de carriles temporales y señalización insuficiente. Además, trabajan a la intemperie, expuestos a temperaturas extremas y condiciones meteorológicas adversas.

Otros riesgos habituales incluyen la utilización de maquinaria que, por sí misma, puede generar accidentes de circulación o atropellos, todo ello bajo protocolos de seguridad que muchas veces quedan por debajo de lo necesario. No se trata de un peligro hipotético, sino real y recurrente, como demostrar los accidentes —algunos mortales— que año tras año se cobran víctimas entre quienes solo estaban cumpliendo con su trabajo. La contradicción es evidente: se les exige garantizar la seguridad de todos, pero no siempre se garantiza la suya.

¿Es este el trato que merece un servicio declarado esencial? Porque sí, la conservación de carreteras es un servicio esencial. Sin ella no hay movilidad segura, no hay transporte de mercancías, no hay acceso rápido a hospitales, ni respuesta eficaz ante emergencias.

Cuando ocurre un temporal, un accidente grave o un incendio, son estos trabajadores quienes actúan primero, limpiando, señalizando, reparando y restableciendo la circulación, muchas veces poniendo su propia integridad en juego. Resulta preocupante que, mientras se endurecen las sanciones a los conductores por comportamientos peligrosos, no se refuercen con la misma contundencia las medidas de protección para quienes trabajan en la vía.

Es necesario más control de la velocidad en zonas de obras, campañas de concienciación reales, mayor presencia de vigilancia y una legislación que priorice la vida de los trabajadores por encima de la fluidez del tráfico. Pero la responsabilidad de dignificar el trabajo de conservación de carreteras no recae solo en las administraciones que deben reconocer, respetar los derechos e invertir en la seguridad de quienes lo desempeñan. Como sociedad, debemos revisar nuestra actitud al volante. Reduzca la velocidad, respete la señalización y entienda que detrás de cada chaleco reflectante hay personas con familia, derechos y miedo. La seguridad vial depende tanto de ellos como de nosotros y nosotras.

No podemos seguir mirando hacia otro lado mientras quienes nos protegen en la carretera trabajan desprotegidos e infravalorados. La próxima vez que veas un equipo trabajando en la calzada, recuerda que tu seguridad y la de los tuyos dependen de ellos y pregúntate si estás haciendo lo suficiente para protegerlos. Porque cuidar las carreteras también es cuidar a quienes las mantienen, y eso exige justicia laboral, seguridad y un reconocimiento real.

Gorka López Prieto

Sº. de Acción Sindical y Coordinador Sectorial

UGT FICA CyL